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Juliana, la “Sansón” de la Bodega 26
Juliana, la “Sansón” de la Bodega 26
Juliana, la “Sansón” de la Bodega 26

El Fruto destaca a esos comerciantes que día a día trabajan por el desarrollo y el bienestar de Corabastos. Gracias a ellos ha sido posible que la Corporación sea hoy el centro alimentario más moderno e importante del país.

Tal vez, a sus 48 años de edad, Juliana Flórez Riaño no tenga la misma fuerza física que cuando cargaba sobre sus hombros bultos de alverjas en las frías y azarosas madrugadas de Corabastos, hace más de 30 años.  Sin embargo, su liderazgo y su cabellera abundante aún siguen con ella, como muestra de ese carácter que le permite sacar adelante a sus dos hijos y cuatro sobrinas, de las cuales tuvo que hacerse cargo por esos azares del destino. Es una vida que despertaría la admiración del mismísimo Sansón, héroe bíblico que se distinguía por el amor a su pueblo y por la increíble fuerza que le daba su largo cabello.

Aunque algunos dicen que Juliana siempre ha sido la “loca” y graciosa de la Bodega 26, a la hora de hacer cuentas y negociar es la más cuerda y seria de todos. Esto la ha convertido en una líder de referencia, tanto así que su presencia se ha vuelto indispensable para muchos en las reuniones que hacen los comerciantes para debatir los temas de Corabastos.

De hecho, su disciplina y su pasión por el estudio la han caracterizado desde muy joven. Es bachiller del colegio La Amistad de Kennedy, estudió ocho años Mercadotecnia en el SENA y, gracias a un convenio que hubo entre Corabastos y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, fue estudiante de Contabilidad, lo que le permitió desarrollar y llevar a la práctica su pasión por los números.

“Toda la vida me han gustado las matemáticas porque son precisas y puntuales como yo. De hecho, desde niña he trabajado en la plaza y en este mundo las matemáticas son importantes para saber negociar”, dice Juliana mientras guarda en el bolsillo de su delantal el pequeño cuaderno en el que lleva las cuentas desde las diez de la noche hasta la una de la tarde del día siguiente.

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“En Corabastos a todos nos toca madrugar si queremos vender. Hay que llegar a las 10 de la noche a comprar el mercado, seleccionarlo y organizarlo. Y después, si Dios lo permite, debo irme hasta la casa para alimentar a mis gatos y hacer el almuerzo para mis hijos y sobrinas que se van a estudiar”, agrega.

Su alegría y su voz carrasposa son su principal marca personal. Le gusta caminar por las calles del barrio, saludando a voz en cuello a cuanto vecino se le atraviesa o repartiendo comida a los habitantes de la calle o familias pobres de su cuadra. Y le encanta la música.

“Yo amo los tangos tanto como el rock. Soy roquera a morir, pero también soy muy colombiana, me encanta el bambuco porque soy campesina de pies a cabeza”, dice mientras camina por las calles pavimentadas de la central de abastos donde es reconocida como una líder que ha trabajado por el bienestar de los comerciantes.

“El progreso que Corabastos ha logrado en los últimos 10 años es indiscutible. Durante mucho tiempo buscamos la pavimentación de las vías, pero todavía hay mucho por hacer y creo que la visión de una central de abastos moderna la tenemos todos los comerciantes que trabajamos aquí”, dice.

Antes de volver a su puesto de hortalizas en la Bodega 26, donde su hermana la espera para seguir con los compromisos del día, Juliana confiesa que sueña con vivir en una finca a las afueras de Bogotá, pero eso sí, sin alejarse del todo de su negocio en Corabastos

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